La leyenda de un Cole

         Se dice, se cuenta, he oído que en el Colegio Capuchinos de Murcia desde el año 1.951, año en el que se inauguró el actual convento del Colegio en Murcia, las noches de luna llena de cada mes de enero y durante el día siguiente, se observaban hechos extraños en el edificio que siempre se habían mantenido en secreto. El gran cuadro de S. Buenaventura de la entrada aparecía descolgado de la pared; durante toda la noche, a partir de las doce, se escucha sonar la campana que permanece colgada en el pasillo del primer piso. La campana, sin que nadie aparentemente la tocase, sonaba a la una, a las dos de la madrugada sonaba dos veces, a las tres se oían tres toques y así sucesivamente hasta que amanecía, momento en el que dejaba de sonar. 

Las luces de la biblioteca se encendían y se apagaban solas y los libros más antiguos aparecían fuera de sus estanterías abiertos como si estuviesen a medio leer. Los animales del laboratorio de ciencias naturales amanecían cambiados de lugar y de vitrina a pesar de estar cerradas con llave. Se escucha una voz aguda, casi angelical cantar el Ave María. Y en el tercer piso, lugar en el que antes se ubicaban los dormitorios de los alumnos internos, en el silencio, en la oscuridad y soledad del largo pasillo se oyen unos misteriosos pasos.

El Padre Clemente, fraile y profesor que vivió casi toda su vida en el colegio, me contó que a estos extraños hechos ningún fraile le daba explicación lógica pero que seguían ocurriendo y que ni el Padre Benjamín, excelente científico e investigador que vivía y daba clases en el colegio, había podido dar una explicación lógica a tan extraños fenómenos.
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       Cuentan las crónicas de los Capuchinos que la fundación del primer convento de los frailes en Murcia tuvo lugar en el año 1.620, aclaro a los alumnos Pepa y Pepe que hablamos del siglo XVII, en el actual barrio del Carmen, extramuros  de la ciudad.

El convento era un edificio muy amplio, con capilla y un gran huerto en el que los frailes cultivaban frutas y verduras destinadas principalmente a su manutención. En el convento llegaron a vivir unos ochenta frailes, entre ellos estaban fray Iluminado, fray Plácido y fray Honorio.

Eran tres frailes a los que llamaban hermanos legos, es decir, eran hermanos frailes que no se ordenaban sacerdotes. Fray Iluminado pasaba el tiempo cuidando las plantas y animales que había en la huerta del convento, así como los álamos y el vía crucis del camino de Algezares, salía a enseñar, a hablar de S. Francisco y de su amor al Evangelio, a los jóvenes y niños que en aquella época jugaban y pasaban las horas a la sombra de los álamos que flanqueaban el camino que pasaba por la puerta del convento. Fray Plácido era un apasionado de la lectura y la música, cuando no estaba leyendo libros en la biblioteca del convento, se oía cantar por los largos pasillos con su privilegiada voz de contratenor. Y fray Honorio cuidaba cualquier detalle del amplio convento, arreglaba los desperfectos, cuidaba los pasillos y las imágenes que decoraban los pasillos, sobre todo de la capilla cuyas campanas hacía sonar para anunciar las horas de los rezos y oraciones de los capuchinos.

Los tres frailes coincidían y pasaban largo tiempo en la capilla del convento delante de la imagen de la Virgen Divina Pastora, madre de Jesús el Buen Pastor y de la que los capuchinos son muy devotos. Fray Iluminado, llevándole flores y plantas del huerto y pidiéndole por los jóvenes y niños para que crecieran siendo personas de paz y bien. Mientras, fray Honorio preparaba la capilla para que estuviese acondicionada para celebrar la oración o la misa que avisaba con el oportuno toque de la campana. Y fray Plácido llenaba sin cesar la capilla de cánticos dedicados a la Virgen.

Ya había caído la noche del 16 de enero de 1.694, fray Honorio había cerrado la cancela del convento, pues los frailes se preparaban para cenar en el refectorio o comedor antes de rezar la oración de Completas que solía hacerse a las 21 horas en la capilla, cuando unos violentos golpes y un vocerío procedentes del portón del convento interrumpieron la tranquilidad monástica poniendo en alerta a los frailes. El Padre Guardián, superior del convento, interpretó que alguien estaba necesitado y que, aunque era tarde, reclamaba la ayuda de la comunidad frailuna, dando autorización a fray Honorio para abrir el portón y atender a los necesitados como le hubiese gustado a San Francisco de Asís.

Toda la comunidad de casi 80 frailes se dispuso frente al portón del convento expectantes. Cuando el Padre Guardián asintió con un gesto, fray Honorio abrió el portón y quedaron estupefactos ante la visión. Frente al portón, sobre un humilde trono apareció una imagen de la Virgen iluminada por una impresionante luna llena. Era la Virgen de la Fuensanta a la que acompañaba el Cabildo catedralicio.

Tras una larga sequía que devastaba los cultivos de campos y huertas murcianas los sacerdotes del Cabildo habían decidido bajar de una ermita en el monte a la Fuensanta para sacarla en procesión de rogativa por las calles para pedirle que lloviera, pero el Sr. Obispo estaba en desacuerdo y no la podían llevar hasta la Catedral ya que en aquel momento la patrona era la Virgen del Arrixaca, nombrada patrona del Antiguo Reino de Murcia por el rey Alfonso X El Sabio en el siglo XIII.

Así pues, los sacerdotes del Cabildo llegaron por el camino de Algezares hasta los Capuchinos para pedirles que les permitiesen cobijar y custodiar aquella noche a la Fuensanta en su capilla. Petición que los Capuchinos aceptaron abriendo gustosamente las puertas del convento a la bella imagen de la Virgen de la Fuensanta. ¡Cómo no abrir las puertas a la madre de Dios!

Fue una noche especial para los frailes. La Fuensanta estuvo en la capilla, los frailes tras rezar Completas junto a la imagen se fueron retirando a sus respectivas celdas. Todos menos fray Honorio, fray Plácido y fray Iluminado que estuvieron acompañando a la Fuensanta en la capilla, cantándole, rezándole y mimándola hasta que comenzó a amanecer y fray Honorio tocó apelde .

Esa noche, durante la íntima oración a la Virgen de los tres frailes, le pidieron que les ayudase a acompañar, cuidar y a educar en los valores del Evangelio a los niños y jóvenes murcianos que serían los hombres del futuro, algo que consideraban importante y les preocupaba, especialmente a fray Iluminado.

Por motivos históricos aquel convento, que entonces estaba a la entrada de la ciudad por el camino de Algezares, desapareció pasto de las llamas el 31 de julio de 1.835 y en la actualidad solo queda el topónimo que da nombre a algunas calles (Alameda de Capuchinos, Huerto de Capuchinos) en la que estuvo el antiguo convento y una imagen de la Virgen Divina Pastora que se trasladó del antiguo convento a la iglesia del Carmen.

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Pasados los años e incluso algunos siglos, la tarde del 12 de junio 1.950, según publicó el diario La Verdad, " a las siete y media se celebró en la Gran Vía de Alfonso X el solemne acto de bendición y colocación de la primera piedra del Colegio San Buenaventura a cargo de los PP. Capuchinos", asistiendo el Sr. Obispo junto al Padre Rector Estanislao de Guadasuar, autoridades civiles y militares, familias y los sacerdotes canónigos del Cabildo que a través de estos siglos habían conservado el recuerdo de la petición que aquella noche de enero los tres frailes le hicieron a la Fuensanta.

En el acto se colocó una caja metálica en la que se introdujeron: el acta de la celebración firmada por las autoridades asistentes y por el primer alumno matriculado, Miguel Herrero Fairén, las tradicionales monedas y antes de cerrar la caja metálica para introducirla en la primera piedra, se acercó un canónigo del Cabildo y dejó caer con disimulo en el interior de la caja un pequeño pergamino con el siguiente petición: " Virgen María de la Fuensanta, te pedimos que nos ayudes a acompañar, cuidar y a educar en los valores del Evangelio a los niños y jóvenes murcianos que serán los hombres del futuro. En memoria de los capuchinos fray Iluminado, fray Plácido y fray Honorio."

Existe una placa de piedra en el sótano del colegio que indica el lugar donde está enterrada la primera piedra del nuevo convento y colegio de los Capuchinos en Murcia.

Se cuenta, que el espíritu de estos tres frailes, que una noche de enero pidieron a la Virgen ayuda para acompañar, cuidar y educar a los niños y jóvenes murcianos, vaga por el colegio para seguir hoy acompañando y cuidando a los niños murcianos. Y esto ocurre especialmente la noche de luna llena del mes de enero en el Colegio Capuchinos: suena la campana, alguien lee en la biblioteca, se escuchan pasos por el pasillo, ...

Y si tú, curioso lector, tienes la menor duda, mira el mural del primer piso en el que se ha ampliado una fotografía de la fachada del colegio. La foto está tomada el día de la celebración de la Paz, que es en el mes de enero. Al ampliarla apareció una imagen fantasmagórica asomada a una ventana. La noche anterior había sido noche de luna llena. Y si en el cuarto piso no había nadie, ¿quién aparece en la ventana? ¿Será el espíritu de fray Honorio, de fray Plácido o será fray Iluminado? O ninguno.
Quizás sea el espíritu the capuchin ghost.


¡Ah!, puede que lo creas o no, lo cierto es que el fraile que me lo contó nunca quiso salir de su habitación la noche de luna llena de enero.

¿Es cuento, leyenda o ... un relato histórico? Ahora tú decides.
Oído y contado por...